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del cuerpo. Y el propio cuerpo empezó a flotar por encima del contenedor.
Flotó hacia la puerta. Esta se abrió. Pasando en vuelo rasante por los peldaños, subió
a lo largo de una escalera, franqueó otra puerta y llegó a un vestíbulo. Más allá se
encontraba la tercera puerta, una transparente que se abría al nivel del tráfico, en una
calle que Paul reconoció y que se hallaba a menos de media docena de manzanas del
Kho-i-Nor. Al otro lado de la puerta era de noche y, por alguna razón, el Complejo parecía
más oscuro de lo que debería.
El cuerpo de Paul flotó hasta la última puerta. La abrió y se encontró en una cálida
noche de julio. El control meteorológico interno del Complejo parecía tener problemas de
funcionamiento, pues la temperatura exterior alcanzaba los 100° Farenheit por lo menos y
la tasa de humedad debía rondar el 100%. El inmóvil aire del Complejo parecía muy
pesado entre las poco habituales sombras de los edificios, y su húmedo calor envolvía el
helado cuerpo de Paul.
No se veía ningún vehículo en movimiento, y las calles parecían desiertas. Paul flotó al
ras del corredor de cemento en la dirección que, por lo que sabía, le llevaría al Kho-i-Nor.
Las calles estaban tan vacías como si la población del Complejo se hubiera encerrado
tras barricadas para protegerse de una riada o alguna pasajera locura. Mientras cruzaba
la primera manzana, el único ruido que Paul escuchó fue el zumbido, parecido al de un
insecto, de una farola defectuosa. Miró a la luz pulsante e incierta, y comprendió en parte
la razón por la que funcionaba mal. El mástil era un gigantesco bastón de caramelo
rayado de rojo y blanco.
Paul siguió flotando. En la siguiente encrucijada, pasó ante una puerta cerrada. Por la
fisura situada bajo ella se derramaba un líquido cuyo color y viscosidad eran iguales a los
de la sangre. Una manzana más adelante, Paul entró en otra calle y vio a la primera
persona viva.
Era un hombre con la camisa medio desgarrada, sentado en un banco y que no paraba
de dar vueltas a un cuchillo de cocina que llevaba en las manos. Alzó la vista cuando Paul
se acercó a él.
 ¿Es usted psiquiatra?  preguntó . Necesito...  Su mirada fue consciente de la
distancia que separaba el suelo de los pies de Paul . ¡Oh!  exclamó. Bajó la vista a sus
manos y volvió a jugar con el cuchillo.
Paul se detuvo. Y descubrió que su cuerpo no podía hablar. Siguió avanzando y, al
hacerlo, tocó el modelo una vez más. Era posible  sospechaba que Blunt podría haberlo
previsto acelerar las cosas. Las células vivas no pueden ser descongeladas tan
fácilmente como la carne muerta, pero el calor suministrado de modo uniforme por el
medio ambiente era incluso más eficaz que el mecanismo calefactor del contenedor en
que se había encontrado. Poco a poco, pero, no obstante, más deprisa de lo que hubiera
esperado, un calor viviente invadió el cuerpo de Paul mientras seguía dirigiéndose al Kho-
i-Nor.
Se cruzó con otras cosas de la noche que nada tenían que ver con la realidad. Un
monumento en el centro de una plaza se fundió lentamente mientras pasó, como cera en
un horno. La cabeza de piedra de un león, en la esquina de un pesado balcón que
rodeaba un enorme edificio, agachó la cabeza y rugió hacia él al pasar. En medio de una
calle cruzó un círculo de oscuridad: un agujero de nada que revelaba no el nivel inferior,
sino una distorsión espacial que el ojo humano era incapaz de enfocar correctamente. No
se oía ningún ruido de vehículos  el Sistema de Transportes del Complejo debía estar
desactivado o sin fuerza energética, lo mismo que la meteorología interna , pero,
ocasionalmente, Paul vio a otras personas, aisladas, a pie, y a cierta distancia. Algunas
de ellas no sólo no se detuvieron para hablar con él, sino que llegaron a apartarse
rápidamente.
La vida volvía a poseer con urgencia el cuerpo de Paul. Empezó por el corazón. En el
momento en que llegó a la multitud, su temperatura era de, por lo menos, 90° Farenheit, y
su pulso y respiración casi normales. Habría podido echar a andar, pero esperó a llegar a
la entrada de la torre norte del hotel para poner los pies en el suelo.
Penetró en un vacío vestíbulo, iluminado simplemente por una lámpara de emergencia.
Un rostro blanco le miró desde detrás de la barra de recepción. Era el empleado de
elegante escritura. Paul no le concedió atención y se dirigió a los ascensores.
Estos, que consistían en un sistema equilibrado que funcionaba con ayuda de energía
almacenada, no habían sido afectados por la disminución de los servicios. Silenciosa,
suave, eficazmente, como si la raza humana hubiese muerto y sólo quedase un servicio
mecánico, los discos flotaban uno tras otro a intervalos regulares, subiendo y bajando por
los tubos transparentes. Paul se colocó sobre un disco ascendente.
Se elevó con suavidad; sobrepasó una sucesión de salones vacíos, débilmente
iluminados por las rojas lámparas de seguridad colocadas encima de la puerta que daba a
la escalera que conectaba cada nivel con los demás. No vio más que a una sola persona,
en el noveno nivel. Era una mujer: joven, casi adolescente. Al verle a través de la
transparente pared del elevador, la chica dio media vuelta a toda prisa y se metió por un
pasillo.
Paul siguió subiendo.
El duodécimo nivel del hotel, por contraste con el resto del mundo que Paul había visto
aquella noche, estaba iluminado normalmente. La luz era casi cegadora con relación a la
envolvente oscuridad del resto. Pero, no obstante, no había nadie. Más que eso, Paul
percibió que las puertas cerradas ante las que pasaba daban una excesiva impresión de
oscuridad y vacío, como si el apartamento 1243, hacia el que se dirigía, fuera el único
espacio de aquel nivel iluminado que contuviese vida.
Cuando llegó al último recodo del pasillo y se acercó al apartamento 1243, vio que la
puerta se hallaba entreabierta. Estaba metida en el muro unas tres cuartas panes y se oía
una voz que claramente atravesaba la abertura.
La voz era de Kirk Tyne.
 Lo que no consigo comprender, Walt es cómo, un hombre de tu inteligencia puede
pensar que el presente es factible de ser transformado en presente sin volver atrás y sin
alterar los factores que predisponen el pasado. Y has dejado que esta locura se apodere
del mundo.
Paul se detuvo junto a la entrada. Había oído a Tyne emplear el mismo argumento
anteriormente, cuando Paul estuvo empleado en el estado mayor personal del Ingeniero
Mundial. Paul tenía mucho interés en saber cuál sería la respuesta de Blunt.
 Tienes derecho a tu estupidez por un plato de circuitos  respondió la voz de Blunt
. No lo pienses, Kirk. Repites como un loro lo que te susurra el Supe. Si el pasado no
puede ser modificado, el presente sí puede serlo. Por amor al futuro.
 ¿Puedes emplear un poco de lógica?  preguntó Tyne . Te he dicho que el
presente no puede ser alterado sin cambiar el pasado. Incluso el Supe, con toda la
sabiduría que almacena, no sería capaz de calcular las posibilidades finales de la sencilla
trama vital de un insecto alterada en el pasado. Y es el camino más fácil. Lo que intentas
hacer aquí y ahora es mucho más difícil.
 Kirk  dijo la voz de Blunt , eres un imbécil. Los factores previos que conducen a
este momento fueron establecidos y dispuestos hace siglos. Y, lo único necesario, es
saber reconocerlos y utilizarlos.
 ¡Te digo que eso es falso! [ Pobierz caÅ‚ość w formacie PDF ]

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